sábado, 2 de junio de 2012

S.O.S. Mundo rural

 

Seguramente esta carta no llegue a ver la luz y sea ahogada como tantas otras voces por el peso implacable de las grandes masas.
Porque somos pocos y no interesamos a los importantes medios de comunicación.

Por ello apelo a todos aquellos que guardéis en vuestra memoria algún bello  recuerdo vivido en un pueblo. Un bello recuerdo por el que no pagasteis entrada, no se os pidió identificación, ni fuisteis transformados en un número por una barrita giratoria.
Vosotros leedme con el corazón.

Escribo desde un pueblo de montaña, uno de los más altos de España. Uno que se encuentra dentro de un paraíso natural, en la comarca más deshabitada de Europa. No importa el nombre.
Un pueblo que sobrevivió al éxodo rural de la postguerra  y que sembró las ciudades de porteros, taxistas y criadas. Después, durante más de quince años,  formó parte en la empresa de ser la zona que más porcentaje de jóvenes universitarios donó a la sociedad. Empresa que le resultó ruinosa, pues perdió al 90 % de sus jóvenes, la inmensa mayoría para siempre.

Un mar de bosques es su jardín particular.

Un jardín que cuenta con verdes praderas aún cuando el calor del verano se hace insoportable en las ciudades.  Praderas por las que está permitido transitar, jugar, tumbarte y disfrutar el tiempo que desees. Agua pura de manantial mana en sus fuentes sin cesar, de la que puedes beber hasta saciarte.  Innumerables arroyos y el nacimiento de varios ríos que cruzarán España entera.  Está poblado por grandes ejemplares de pino silvestre, que con sus copas anaranjadas hacen que las puestas de sol sean aún más impresionantes. En este jardín tan sólo tendrás que levantar la vista al cielo en una noche despejada, para contemplar tantas estrellas como nunca hayas podido imaginar, pues es la zona con menos contaminación lumínica, atmosférica y acústica de la Península Ibérica.
La zona donde se encuentra este jardín constituye el gran pulmón de España, que se encarga de filtrar las porquerías atmosféricas que se generan en las grandes ciudades.
Nosotros, los habitantes de este pueblo y como los de otros muchos como este, cuidamos de manera incansable de este jardín. Y todos sabemos que cuando las campanas repican fuera de hora, es el monte el que nos llama.

Nos hemos conformado con disfrutar de un jardín, que nos ha resultado caro de mantener.  Sobre todo porque no se trata de un jardín PRIVADO. Cualquier persona que esté leyendo esto puede disfrutarlo LIBREMENTE.

No cobramos entrada y nuestra generosidad ha sido confundida con ignorancia. Antes éramos paletos, ahora que somos rurales, todo el mundo quiere ser rural. Pero rural a tiempo parcial…Todo el mundo tiene un pueblo y el que no lo tiene se lo inventa.
Pero no todo el mundo tiene su capital de provincia a 200 Km. Es más, nadie en otro lugar de España tiene que recorrer 200 Km para ir a su capital de provincia.
NO A TODO EL MUNDO LE CIERRAN SU ÚNICA ESCUELA Y EL ÚNICO CENTRO DE URGENCIAS MÉDICAS.
Y ahora resulta que esta escuela de pueblo, no es buena. Esta misma escuela que parió más universitarios que cualquier centro educativo de ciudad, dicen que NO ES BUENA.
La realidad es que no nos consideran rentables.
NO SOMOS RENTABLES PORQUE SOMOS POCOS. Somos pocos y nuestra generosidad nos ha impedido convertir en un parque de atracciones este gran patrimonio natural.

Pagamos los mismos impuestos que cualquier ciudadano. Bueno más. Porque cada visita a un hospital, a un especialista o pagarle una carrera universitaria a nuestros hijos (contando que la enseñanza pública es gratuita) nos cuesta diez veces más

Pues vale, hablemos de rentabilidad, porque está claro que no han hecho bien las cuentas.
¿Qué pasará cuando nos obliguen a irnos por falta servicios?
¿Qué pasará cuando  las praderas se convirtieran en matorrales intransitables por la falta de ganado?
¿Cuánto costará mantener los montes limpios de leñas y pinos secos que no resultan rentables para ninguna empresa,  cuando no viva aquí nadie que los recoja?
¿Cómo frenarán un incendio entonces?
¿Y si estos bosques que son la esponja que regula el caudal hídrico de tres cuencas hidrográficas de España desaparecieran? ¿Alguien se hace una idea de lo que sucedería?

Quizá los que vivimos en pueblos de montaña debiéramos cobrar por cada atardecer, cada sorbo de agua pura, cada paseo por una bella pradera, cada visión de un cielo estrellado, por cada bocanada de aire puro, cada litro de agua que dejamos correr, cada % de CO2 que filtramos…

Quizá se nos esté acabando la generosidad.

Quizá debamos despertar todos y no permitir que se toque lo intocable. Porque si permitimos que nuestros pueblos sufran el abandono total, seguramente no será el final de una sociedad que hemos querido construir justa, pero sin duda será el principio de su fin.

Hablo de una  comarca cualquiera que podría ser Molina de Aragón y de un pueblo entre miles,  al que podríamos llamar OREA.

MARTA CORELLA

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso y realista, enhorabuena Marta, yo soy maestro de la pública en Navarra pero Molinés, Terzagueño y Cordentano de origen, mi aula esta llena de fotos y pósters de nuestra tierra, disfruta tú que puedes de ese jardín.
Y a tod@s en general docentes, familias, alumnos y políticos, por favor no se puede condenar a la extinción a nuestros pueblos, cerrar una escuela es matar la cultura, el desarrollo y la vida de un pueblo.
Un saludo a tod@s, en especial a tí Marta.

Joaquín Ventura dijo...

Gracias por esta carta, Marta. Pones negro sobre blanco lo que muchos pensamos y sentimos.
Haré todo lo que pueda por difundirla, que no se quede en un grito ahogado como nos ahogaron Mediano...
De momento, la tienes ya colgada en mi perfil de Facebook https://www.facebook.com/JVenturaUnlimited, y voy a darle toda la bola posible en mi cuenta de Twitter.
Ya sabes dónde me puedes localizar, ¡ánimo!

Anónimo dijo...

EL dia 15 de junio viene la tele de CLM a Beteta, Imaginaos con pancartas siguiendo a las camaras. Es solo una idea por si quereis organizaros.

Anónimo dijo...

Cuanta verdad y cuantos sentimientos descritos con tan pocas palabras, y que valentía para decir lo que muchos pensamos y nadie se atreve a decir. Gracias Marta por esta carta, seguro que mucha gente se siente identificada en ella.